La Santa Muerte : El milagro de la túnica blanca:
- Enhebrando Hilos de Luna
- hace 7 días
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El testimonio de Doña Carmen
«Yo no creía en la Niña Blanca. Al contrario, me daba un miedo tremendo ver sus imágenes en los mercados. Pensaba que era algo malo. Pero la vida te cambia en un segundo, y cuando la medicina te da la espalda, es el alma la que busca una salida.
En el año 2012, mi hijo menor, que apenas tenía siete años, cayó gravemente enfermo. Empezó con fiebres altísimas y en menos de una semana sus órganos empezaron a fallar. Lo internamos en el hospital pediátrico.
Los médicos le hicieron de todo, pero no encontraban la causa. Pasaron los días y una noche el doctor nos llamó a mi esposo y a mí a su oficina. Con mucha pena, nos dijo que el niño ya no respondía a los medicamentos, que sus pulmones se estaban llenando de líquido y que era cuestión de horas. Nos sugirió que nos fuéramos a despedir.
Salí al patio del hospital a llorar, desesperada, gritándole al cielo. En la banqueta de enfrente, había un pequeño altar callejero de la Santa Muerte, vestida con una túnica blanca preciosa, rodeada de veladoras y flores frescas.
Sin pensarlo, me crucé la calle. Me puse de rodillas ante ella, llorando con el corazón destrozado, y le dije:
“Madre mía, tú que eres madre y sabes lo que es ver partir, no te lleves a mi niño. Él apenas empieza a vivir. Si necesitas una vida, llévame a mí, pero a él déjamelo. Si me haces el milagro de salvarlo, yo te prometo que te levantaré un altar en mi casa y te veneraré hasta el último día de mi propia muerte”.
Regresé a la sala de espera y me quedé dormida por el cansancio y el dolor. A eso de las cuatro de la mañana, desperté sobresaltada por un frío intensísimo que recorrió todo el pasillo, un frío que no era normal pero que, extrañamente, me dio una paz infinita.
A los pocos minutos, la jefa de enfermeras salió corriendo a buscarnos. Pensé lo peor. Pero cuando entramos a terapia intensiva, los monitores ya no pitaban con desesperación. Mi hijo había abierto los ojos, la fiebre había desaparecido por completo y los médicos no sabían cómo explicar que el líquido de sus pulmones había comenzado a reabsorberse de la nada. El doctor nos dijo textualmente: “Esto desafía a la ciencia, es un milagro”.
Hoy, mi hijo es un hombre fuerte y sano. Y en la sala de mi casa, la Niña Blanca tiene su altar, siempre con sus luces encendidas, sus flores y una manzana fresca.



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